Lifetime 23. Lo que estaba dentro.

20 de julio de 2026

Lo de dentro. 

Domingo 6 de abril de 2025. 

 

Soy consciente de que cada vez que me asomo aquí a escribir no lo hago de forma rápida, breve o concisa. De hecho, casi siempre agoto los caracteres que componen cada pie de mis fotos. Estos últimos días, he pensado mucho en compartir todo lo que “estaba aquí́ dentro”. No solo una bebé de tres kilos 

cuarenta gramos, sino todo eso que cada madre lleva consigo durante cualquier proceso. Siendo aún más intenso durante los meses de embarazo. Quizás pocos me leen hasta el final, pero si hay alguien que siente algo bonito a través de mis confesiones, me parece importante y también bonito hacerlo. Resulta difícil contar de forma objetiva todo aquello que está dentro mientras ya hay dos corazones tuyos fuera latiendo, que te necesitan, que duermen poco y que están en etapas diferentes.

Hace unos años cuando LuciaBe compartió la muerte de su pareja Miki Naranja, compartió también una canción que escribió. Ella se refería a sus hijos con unas palabras “estos cuatro planetas que creamos juntos”. Yo no sé la de noches que 

yo me dormí escuchando esa canción. Yo no había perdido a mi pareja y tampoco tenía cuatro hijos, pero reconozco que a veces me abruma mi manera de empatizar. 

Me gustaría sentir menos, a veces, me encantaría ser menos intensa. Pero en los últimos meses he aprendido muchísimo a quererme tal y como soy. A abrazar mi intensidad. A no sentirme mal por mi capacidad enorme de sentir tanto y tan fuerte. A no pedir perdón por decir lo que necesito. [...] 

La primera vez que escuché llamar “planeta” a un hijo me sorprendió, pero me 

encantó. De estas connotaciones en las que te quedas pensándolas mucho. Ahí ya existía María. Y empecé a usar mucho el icono de planeta en mis publicaciones de amor hacia ella. Cuando nació Gonzalo, ya hablaba de esos dos planetas. Y cada vez más fui consciente del valor del término y en cada una de las situaciones difíciles como madre he pensado en ello. En lo real de esa palabra. Mi madre siempre dice que a los hijos no se les debe ni se les puede dar lo mismo, porque no necesitan lo mismo. Y esto como hija en muchas ocasiones no lo he comprendido, ni lo he compartido. Llevándome a la protesta e incluso a denominarlo “injusticia”. 

Ahora como madre, comparto esa afirmación tan de ella. Mis hijos son planetas distintos. Con necesidades distintos. Y en puntos de vida distintos. Todos necesitan a su madre. Que resulta ser la misma. Sintiendo yo todo ese peso y esa responsabilidad gigante. De que me comparten, pero me sienten totalmente suya y única. Ahora, ya está Julia. Mi tercer planeta. Un pequeño planeta que llega a casa con sus propias necesidades. [...] 

Vivir un posparto es en sí una aventura increíble. Quizás más intensa que el embarazo en sí mismo. Por el baile de hormonas, por los miedos que asoman. Por la mirada distinta de tu cuerpo. Por el vacio de esa vida de dentro. Pero hay algo de luz en estos primeros días siendo madre de los tres. Me siento tranquila, segura, serena y en paz. Me siento orgullosa del camino recorrido en los últimos meses. De haberlos protegido en cada una de mis tristezas. De haberme aferrado a sus vidas. De haberlos cuidado cada día con mimo, cantando y después llorando a oscuras. Me he sentido muy vulnerable y a la vez muy fuerte. Y ahora quiero que gane la alegría a todo lo que siento dentro. Momentos en los que me siento abrumada. 

Culpable. Cuando no puedo estar con uno y escucho un llanto sincero acompañado de “mamá, mamá y mamá”. Intentando ser buena conmigo y manteniéndome 

firme al sueño de tener a mis hijos joven, pronto, cercanos. Con el sentido de compartir y de convivir. Sacando mi lado más amable y humano con ellos. Sigo durmiendo poco para llegar a más, aunque no a todo. Busco la organización más organizada posible. Anticipándome. Acompañándome. Calendarizando. No solo los planes. También lo que acontece. Saber lo que viene, favorece. Vivir cada momento y después pensar en el próximo. Dándole a cada dolor su espacio. Saber que las contracciones duelen que te mueres. Y que días después, aparecen los “entuertos”. Y ahora toca la lactancia. Y después, quién sabe. O yo ya lo 

sé. Porque creo que esta vez juego con ventaja esta partida. Y eso me aviva. Tener muy clara la vida que deseaba tener. Sentirme orgullosa de lo que construyo y sobre todo no tener miedo o pudor a decirlo. Mantener firme mis valores, mi espíritu. 

Ha habido varios momentos de inflexión en este último embarazo. Y ellos me han llevado a conclusiones que desde que aplico soy mucho más feliz. Y por si pueden servir, las cuento por aquí. No juzgo, escucho e intento entender. Cada vez que me hablan mal o me hacen daño, solo pienso en lo podrido que alguien debe estar por dentro para hacer ese mal. Cuando escucho algo que no merezco, me refugio en ese mismo pensamiento: ¿cómo alguien que te quiere puede decir eso? ¿cómo 

de mal debe estar? Y entonces, perdono. Y siento pena por su malestar. No entro al trapo. Antes, a cualquier herida, salía mi defensa. Ahora no. Elijo mis batallas con cuidado. Sé lo que necesito siempre. Y no pido nada que no nazca. Me guardo cada uno de los actos y vivo en ellos. Pero no guardo rencor, no ruego. No merece la pena. No vale la pena pedirlo. Porque solamente es bonito algo cuando nace que lo hagan por ti, no cuando has tenido que pedirlo. Quizás porque incluso frustres más a alguien porque ha tenido que dejar de hacer algo. Ahora sé que la felicidad es de cada uno y que no podemos no ser felices porque los demás no lo sean. Al contrario, debemos ser esa roca de felicidad y de seguridad cuando otros mundos y otros caminos tambalean. Escucho muchísimo y escribo muchísimo más. He tenido a personas incondicionales escuchándome cada día. Mis tristezas, mis anhelos y mi duelo. He sentido dolor, mucho, pero he transitado la calma, mi amor propio y he cambiado sola quedándome consejos de personas que me han salvado, intuyo que sin darse cuenta. 

Palabras que ahora son mantras. La certeza que tienen mis hijos de que sea su madre. El tamaño de mis dramas. El ejemplo de otras personas. Las diferencias sabidas entre los roles. Me enfrento a esta tercera maternidad, porque soy tres madres en una, con muchísima fuerza. Siendo fuerte, valiente y muy sincera. No solo conmigo, sino con el mundo. Con límites a quien me hace daño con comentarios y escenarios que no me gustan. Y muy consciente de que lo estoy haciendo bien. Y eso, vale más que cualquier otra cosa. Dentro, hay mucho más, pero esto es lo que hoy quiero decir. Vivir el ahora. Sufro hoy lo que está pasando hoy. Pienso muy bonito antes de dormirme. Lloro de felicidad cuando veo mi vida. Me rio en el caos porque sé que es temporal. Y le sonrío a María niña porque ya es la madre que soñaba ser. [Continuará...] 

MJo.

 

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