Capítulo 20. El día que resultó ser el de nuestra boda

22 de junio de 2026

El veinticinco de junio de dos mil veintidós no nació así. El bautizo de María. Un evento íntimo con la familia y un puñado de amigos y compañeros de vida y de recuerdos.

Habíamos elegido la fecha. Y el sitio. Teníamos una lista de invitados que comprendía a la familia más directa y a esos amigos que siempre entendieron nuestras ausencias y a aquellos que vivieron nuestro primer proyecto de vida junto a nosotros. Con montajes a deshoras, canciones de Safari y viajes con una niebla de vértigo. Amigos que en esos primeros seis meses de vida de María nos demostraron su amor incondicional a nuestra ya pequeña familia de tres y a los que me abrazaron el alma cuando mi madre luchaba.

Queríamos un día. Celebración. Bailar durante horas. En un corro. Abrazar a todos. Comer rico. Olvidar las obligaciones por unas horas. Comida y cena. No queríamos que se acabara e ideábamos entretenimiento para todo un día donde coincidirían personas importantísimas en nuestra historia. Y necesitábamos que ese día durante esas horas ese amor y red incondicional que siempre nos sostiene, apostara por un día muy feliz. Entre ellos. Y para con nosotros y nuestro recuerdo.

Doce días antes de ese veinticinco en una de las visitas a Jardines de Morante en Roca de la Sierra, Juan (el dueño) nos cuenta y nos enseña este lugar recóndito, dentro de la finca que nos había ya conquistado, donde se celebran bodas. Nos montamos en el coche con María (supongo que ya llorando para variar en los trayectos) y decidimos que ese día quienes vivieran el bautizo de María, vivirían también nuestra boda. En exactamente doce días ocurrieron mil cosas. El final, ya lo sabéis. Boda sorpresa.

Doce días en los que solo nosotros dos sabíamos lo que pasaría al caer el sol. Una sorpresa preparada en las noches. Una auténtica locura que volvió a unirnos. Con una cuenta atrás que nos emocionaba y nos asustaba a partes iguales. Con una búsqueda de vestido de novia exprés e intensa que acabó gracias a una publicidad de instagram de Pronovias.  

En menos de dos semanas tomamos una decisión importante que conllevaba una entrega absoluta. Combinada con una fiesta de final de curso, lectura de informes, notas, etc.

 

Aunque los días previos habían sido una locura, el día 24, el día anterior; fue increíble. Tuvimos tiempo de terminarlo todo y nos pasamos el día en Jardines de Morante ultimando toooodos los detalles. Nuestros trajes de novios llevaban varios días escondidos allí. Los miraba colgados en aquella habitación y alucinaba. Solo podía imaginarme las caras de todos los que habían confirmado, sin saberlo, que estarían en la boda.

Para variar, llegamos tarde. Y para no variar, Lydia llegó casi una hora antes de lo previsto. Ese día, para variar, no fue impaciente.

Cuando llegamos a la catedral, decorada para una boda que ocurriría después, algunos sospecharon que podríamos casarnos ese mismo día. Supongo que al finalizar el acto bautismal y marcharnos a Pepe Jerez, muchas sospechas se disiparon.

Cuando fechamos el bautizo de María. En la invitación digital que utilizamos pedíamos a los asistentes dedicarnos ese día y, a ser posible, hacer noche en Badajoz. ¡Queríamos celebrar la vida y la llegada de María! Sin prisas. Beber. Bailar. Charlar. Todo lo que quisiéramos sin condiciones o casuísticas. Con la recepción de la invitación muchos confirmaban ya con alojamiento. Nuestro plan de hacer de un bautizo una fiesta iba hacia adelante.

El inicio del día. El punto de encuentro. Casi todos allí, menos nosotros. Empezaba un día que solo nosotros habíamos planeado. Que habíamos soñado y del que solo nosotros conocíamos todos los detalles.

A Jardines de Morante volvimos doce días antes ya para la visita técnica para ver los lugares de la cena, el cóctel y la barra libre. Al ratito de marcharnos, los llamamos para decirles que había un último plan que añadir: había que preparar la zona del altar de piedras justo después de la primera barra libre. La voz incrédula y lo que se habló en la llamada lo tengo grabado.

Era una locura. Era martes. Y el sábado de la semana siguiente bautizábamos a María. Y ellos se sumaron sin dudar a ese mar de aventuras que suponía inventar una boda en medio de un bautizo y conseguir que nadie lo supiera hasta el momento de hacernos una foto al atardecer.

No teníamos trajes. Y faltarían algunos.

La invitación al bautizo la hicimos con un app del móvil una noche. Más que el diseño queríamos quedar muy claro que queríamos un día reservado. Solo ponía la hora de inicio. No desvelamos el lugar de celebración a nadie. Ningún invitado sabía dónde íbamos a comer o qué íbamos a hacer. Dijimos que no hacía falta tener coche.

El plan del día: bautizo. La continuación se desvelaba en directo. Al terminar el acto religioso: Tapas en Pepe Jerez.

En Pepe Jerez surgieron los primeros encuentros ya con tiempo para hablar del paso de la vida. Las presentaciones. Las primeras cervezas frías y empezamos a llenar el día de recuerdos.

Yo me pasé ese rato correteando detrás de mis dos mellis pequeños. Hay planes que son perfectos para adultos y que son perfectos para niños por poder deshacerlos y desenfadarlos.

A la hora acordada, calle abajo. Anunciamos que había un autobús esperándonos. Todos juntos nos desplazaríamos a los jardines.  

B i n g o B u s . Eu  que es experto en hacer de momentos ordinarios, recuerdos extraordinarios; creó la idea perfecta para vivir el desplazamiento a base de risas, atenciones y bromas. ¡Cantamos el bingo! Lápices y cartones para todos. Y premios para las líneas y los bingos. Me consta que algunos ya han exprimido el regalo. Fue divertido. Fue distinto. Y yo fui feliz observando a Eu materializando sus primeras ideas. Tal y como lo había organizado.

El día veinticinco seguía siendo un bautizo y seguía hacia adelante. 

Llegamos a los jardines y todo era un viaje. Había mucho que investigar y muuucho calor que sobrellevar.

El mediodía tocaba las máximas temperaturas del día y también tocaba la campana para activar la cuenta atrás. Primer evento del día .

 

Además de comer, b a i l a r es de las cosas que más disfruto. Me imaginaba ese día un corro permanente con baile, baile y baile. Estábamos deseando que acabara la comida buffet para empezar a bailar. Ellos no lo sabían, nosotros sí. La cuenta atrás estaba activada. En unas dos horas viviríamos un momento feliz pero que nos mantenía en un estado de alerta y nervios que solo nosotros dos estábamos sintiendo y compartiendo.

Los cómplices de Jardines de Morantes y del Catering Cantueso nos iban dando avisos. El sol comenzaba a ponerse y nosotros no teníamos ninguna gana de dejar de bailar. Pedíamos una canción tras otra.

Se acercaban a mí y a Eu. Respondíamos: “Una más y desaparecemos”. Pero eso no ocurría. Habíamos preparado una lista en spotify durante las noches anteriores con canciones míticas de nuestra historia y de la vida en sí misma. Y Mucho Camilo. La canción de “Pegao” sonó unas veinte veces en aquella barra libre. Quien estaba, lo sabe.

Los de la música sabían que los confetis de colores anunciaban el final de la primera parte del día. Justo después de tocar los papelillos de colores el suelo, desaparecí con mi madre. A ella le di un motivo súper creíble para acompañarme al baño. Quién me conoce, se lo imagina.

Era el momento de que empezara la boda. La mayoría de las mujeres ya estaban en plano. Había cestos con alpargatas vichy. Kits de supervivencia.

A los niños asistentes les habíamos diseñado unas camisetas monísimas que tenían vichy, por supuesto, y que tenían nuestro mensaje: “Born to be Us”. En la manga. Eran preciosas y vendrían ese verano a Islantilla. Los primos todos con su uniforme. Esto fue el resultado del trabajo precioso que hace “Casita de Algodón” a la que siempre le confío regalos que significan.

Al bebé que ya esperaban nuestros Lydia y Kuko le esperaba un conjunto precioso para salir del hospital que por supuesto compré en Micanesu.  Ese bebé meses después lucía bonito y sano aquel conjunto de punto blanco roto. Este bebé resultó ser M a r t í n.

Todos estos detalles se iban orquestando y colocando mientras bailábamos las últimas notas.

Miguel Ángel de Fotomick se encargaría de pedir que salieran de la carpa.

 

Ese abrazo. Y esta foto. Mis favoritos de todos los abrazos y las fotos de ese día.

Ya veíamos el sol cada vez más bajo. Y nos miraban todo el tiempo con un mensaje clavado. Se había hecho tarde y queríamos estar en el altar justo cuando el sol se intentaba esconder detrás de las encinas.

Nos abrazamos muertos de risa. No podíamos ni hablarnos. Terminamos el abrazo. “Pegao y nos vamos”. La próxima vez que nos viéramos sería en aquella habitación vistiéndonos juntos de novios.

Cómplices. Mejores amigos, como hacía años. Equipo. Familia. Lo que siento cuando veo esta fotografía, lo sentía desde que deambulábamos por Sevilla sin mucha responsabilidad. Esos mejores amigos que empezaron a ser.

Del abrazo me fui a Sonia, encargada de la música y de ahí a mi madre. “Pegao” de Camilo dijo fin al bautizo de María.

Yo me fui antes de terminarla. Minutos después, mi madre veía un traje de novia perfectamente colgado en una habitación. Una habitación que está estratégicamente fuera de la vista de los invitados.

Un vestido de novia inesperado. Y una madre boquiabierta.

Acto seguido aparecen mi ya marido, mi hija y mi cuñada. La aventura ganaba adrenalina.

Cada uno teníamos una llave. Solo unos minutos después abría él la puerta y la risa era toda la música de aquel momento. Mi cuñada y mi madre solo se limitaron a decir “¿vestimos a la niña nosotras?”.

Vestirnos en tiempo récord para que ese paseo al atardecer y el descubrimiento de la ceremonia civil fueran seguidos y rápidos.

Delante de aquel espejo, nos miraba vestirnos y no sé si fue tal y como lo había imaginado. Pero era tan real y tan sincero que lo valía todo.

El jueves 23 habíamos llevado: dos trajes de novios, un vestido monísimo para María, un neceser, zapatos de novios, peine, maquillaje. Y todo lo que una estima necesitar en un cambio de vestuario rápido y eficaz.

Ni que decir tiene que con los nervios la mitad de las cosas desaparecieron. La coleta que llevaría, no ocurrió. Y la niña iba sin capota y sin zapatos.

Al menos, las madrinas, los novios y la hija de los novios estaban en el lugar previsto. No sé si nos dieron o dimos nosotros la señal. Pero salimos por fin de aquella habitación.

 

Quizás este momento sea el más difícil de contar, porque nosotros no estábamos.

Habíamos acordado que primero saldría yo de escena, y empezarían todos a irse hacia la zona donde viviríamos el siguiente evento del día. Era un paseo hacia una celebración a la que no habían confirmado asistencia.

La sorpresa nos pisaba los talones a nosotros que tardamos más de lo previsto en cambiarnos de: padres de bautizo a novios de boda.

A ellos los iban animando a salir de la zona de celebración con la idea de hacernos una foto todos en el atardecer. Aquí las sospechas se levantaron nuevamente. La música dejó de sonar y todos salieron en filita, en grupos y en charlas animadas hacia la última zona de la finca que aguarda detrás de una valla y que nadie había descubierto todavía.

Eu aprovechó ese momento de desconcierto para reencontrarse con su hermana, a la que acababan de avisar de que su hermano la necesitaba. ¡Para ponerse un chaqué que le estaba como un guante! Una necesidad importante.

De ese día cambiaría el haber podido verlos a todos entrando y descubriendo esa zona de Jardines de Morante que se esconde detrás de los pasillos llenos de naturaleza.

Jardines de Morante es un lugar precioso donde apenas hay cobertura y está cubierto de verde. Un verde precioso. Y de noche iluminado es casi más bonito. Había cena programada de bautizo que días antes resultó ser el menú de nuestra boda.

En este ratito, nosotros en la habitación nos vestíamos a la velocidad de un rayo. Unos trajes de novios que conseguimos de chiripa. El mismo día que visitábamos de nuevo la finca y sin importancia nos hablaron de las piedras improvisadas que hacían de altar, decidimos que nos casábamos. Y esa misma madrugada Eugenio no podía dormir pensando en qué me iba a poner yo para nuestra boda. Se pasó la noche comprando en internet cosas ideales blancas de novia. Pero al amanecer descubrió que los pedidos estaban cancelados porque todo era bajo encargo y no de doce días precisamente.

La odisea del vestido de novia tuvo final feliz, pero bien se merece su capítulo.

Volviendo a este momento, fue, sin duda, el que más esperábamos nosotros. Regalarles a todos esa imagen. Las dos primeras imágenes sucedían simultáneamente. Claudio abría la ceremonia y nosotros aparecíamos ya casi.

Comenzó a sonar “Índigo” de Camilo. Y todos se giraron. Eso sí era la señal. Cuando entramos, no solo veíamos a personas a las que queremos muchísimo. Es que las veíamos con copas, con collares hawaianos, gafas de sol. Creo que ese día ha sido el menos protocolario de toda nuestra vida. Era todo tan natural y fluía tan, tan rápido como la vida misma. O como siempre debería ser.

Lo que más me gustaba de la propuesta de Eu de casarnos así era el evitar los quebraderos de cabeza a los que tanto queremos. No queríamos dinero a gastar. No habría gastos en ropa o en regalos. No había nervios. Solo nosotros teníamos que ocuparnos de todo ello. Ya nos parecía importante la “obligación” de pasar la noche en Badajoz. La ciudad donde nosotros habíamos elegido seguir con nuestra historia de amor.

Verlos así felices. Llorando. Riéndose. Mirándonos a los ojos. Y nosotros pudiendo responder a todos esos gestos de manera tan, tan cercana me llenaba el alma. Grité “sorpresaaaa” en cuanto los vi. Y no podía dejar de mirarlos. Intercambiaba las miradas porque tampoco quería perderme nada de como lo estaba sintiendo Eu.

Había canciones y lecturas para distintos puntos de la boda que nosotros habíamos elegido solos, por las noches (para no variar también).

Sentía tantísimo durante el recorrido hasta llegar al banquito que todavía puedo sentirlo. Era tan feliz que tenía miedo. No quería que se acabara ese momento. Ese día.

Todo había sido lo improvisado o preparado, según se entienda, como puede ser algo organizado en casi una semana. La fiesta de final de curso de Kids&Us Badajoz fue esa misma semana en dos días consecutivos. Para no variar, estábamos agotados de la cantidad de cosas que habíamos tenido entre manos. Llegaban paquetes y se entremezclaban e intentábamos que los compañeros no abrieran alguno que pudiera contar que ¡nos íbamos a casar!

Nos soltamos la mano para lo meramente necesario. Sentía a Eu tan feliz y tan cerca que se me olvidaba que estábamos rodeados. De personas con un papel protagonista en nuestras vidas. Y en nuestro 25 de junio.

 

Se leyó poco. Llevamos una elaboración propia a compartir, pero la voz de Eu se quebraba en cada intento. Las madrinas tenían sin saberlo que salir al micro a dedicar unas palabras, las elegimos nosotros por ellas. El texto de Pau Dones que releo siempre que pierdo de vista lo importante o que sufro en exceso. Y esa lectura que habla de todo lo que sucede para que se crucen unas manos. Cuando damos paseos por la calle y nuestras manos se buscan, me encanta darme cuenta que lo siguen haciendo a pesar de los años.

Una ceremonia breve, con poca lectura. Pero cantamos y bailamos mucho. Creo que a ninguno nos apetecía darle pasado a ese momento. Nos esperaba un brindis a la salida que bien podía esperar porque no dejaban de sugerir canciones y allí las bailábamos mientras nos abrazábamos y nos abrazaban.

Del álbum de fotos, me quedo con esas. Con las fotos de los abrazos llenos de lágrimas. En el que siento que se alegran por nosotros. Que nos quieren. Que forman parte de nosotros. De nuestras vidas. De una manera sana. De una forma importante. Que son historias dentro de la nuestra. Los recuerdos compartidos. La amistad sincera. La familia unida. Los secretos nunca compartidos. El crecimiento al unísono. Las decisiones. Los permisos. El agradecimiento inmenso.

Sentir que de verdad querían estar ahí, justo en ese instante. Que habían dejado sus quehaceres para celebrar a lo más importante de nosotros: nuestra hija.

En esas fotos cabe tantísimo amor, que casi no necesita un pie de texto que las acompañe. Ahí estábamos. Sorpresa dada. Abrazos larguísimos. Bailes. Canciones con significado.

Resistiré, Color esperanza. A ver qué pasa. Hasta mi final. Eso que tú me das.

“Ay mamá” por petición del público para dedicarla. A mi madre.

El robo de un micrófono. Una personita de apenas un metro hablando a su tito Eu y a su tita María. Ojalá sepas que es mutuo. Y un amigo que gritaba orgulloso lo que sentía por nosotros.

Ahora sí. A celebrar la vida. El amor. El tiempo. El estar todos en el mismo lugar por unas horas. Que no se acabe, por favor. Congelarnos a todos, ojalá.

Las luces comienzan a iluminar el verde e indican el pasillo de vuelta. La cena ya está servida.

 

Se hizo de noche sin darnos cuenta. Hoy he leído algo precioso “cada atardecer recoge un recuerdo”. Es mi momento favorito del día y fue un gran acierto conseguir encajar ese plan de última hora justo cuando el sol se despide de nosotros hasta el día siguiente.

Me encanta decirle a María que hay que dar las gracias por las mañanas. Porque como pasa con todo lo bueno que nos sucede, no lo valoramos hasta que deja de ocurrir. Qué suerte tenemos de tener luz natural, calor. De que al abrir los ojos el mundo esté lleno de colores para que podamos disfrutarlo.

La mesa imperial. Esa era la cena que habíamos ideado para finalizar el bautizo de María.

Hicimos un croquis de cómo queríamos que disfrutaran ellos la cena. Estaba organizada en tres partes distintas:

1) Los que nos esperaban en el mundo: los mayores de la casa

2) Nuestros primeros amigos: nuestros hermanos y nuestros primos

3) Testigos de nuestra historia: amigos que son familia

Todo iba en tonos pasteles y en vichy. Con poca antelación no conseguimos todo lo que queríamos, pero más o menos todo casaba en estilo y en preferencia.

Elegimos detalles de “The Cereal Party” para cada comensal. Unos tenían frutos secos, otros gominolas y por recuerdo especial otros patatas pringles. El lema de nuestra boda: “Born to be Us”.

Al tener un orden concreto, cada persona pudo encontrar una dedicatoria personalizada que nosotros habíamos redactado. Esto fue de lo primero que hice preparando el bautizo. Para mí era fundamental hacerles saber a cada uno lo importante y especial que era que quisieran celebrar a María. 

Días antes hubo una boda pública y vi que los novios habían pensado igual, dedicando unas letras a sus invitados. Nosotros teníamos ya preparado lo nuestro y aunque pensé en no ponerlo, también pensé que nada puede hacernos perder la idea de hacernos sentir especiales unos a otros. Y sobre todo que dar las gracias debe ser siempre lo primero y lo último que hagamos.

Las pulseras, el álbum y las estampitas fueron obra de Sheila que conduce “Mon Petit Reve”. Todas tenemos nuestra pulsera de aquel día. Claudio dibujó una foto que me encanta de Eu y María para convertirse en el recordatorio.

Brindis. Por los que estamos. Por los que iban a llegar al mundo. A los que ya queremos con locura. Robin y Martín. Alma que no quiso perdérselo llegando un mes antes a casa.

La cena la pasé alimentando a mi hija. No se me ocurre una mejor manera de vivirla. Y si eso lo sentía así entonces, ahora que ya casi no se deja dar de comer y achuchar, más lo valoro. Tenerlos en brazos es mi tarea favorita.

Desde los laberintos de naturaleza los veía a todos conversando. No se conocían todos y yo respiraba un ambiente precioso. De charlas animadas. De un eslabón de unión: nosotros. Las flores de la mesa eran de Marques de la Vaca, que pasaron el día al sol esperando su momento de brillar. Esta zona donde cenamos fue también sorpresa. Nadie la vio porque los pasillos estaban cerrados de manera que esto aparecía al salir de la boda. 

Nos esperaba la barra libre. La segunda. Aunque la mayoría de detalles ya se habían usado. Pintacaras, luces, gafas. Todo estaba listo para la segunda barra libre, pero los niños y los no tan niños decidieron usarlo y vivir la ceremonia con la cara pintada y con gafas luminosas. El photocall con las fotos instantáneas nos acompañó todo el día.

Brindis. Por las sorpresas. Por el amor que existe. En todas sus formas. Por el día que había pasado volando.

Bailes. Últimos confetis de colores. Si antes anunciaba el final de la primera celebración, aquí ya colgaba el cartel de “the end”.

El autobús de vuelta a casa nos esperaba en la puerta. Me subí feliz porque habíamos bailado como nunca. Habíamos sido nosotros como siempre. Disfrutones. A conciencia.

Me iba feliz. Dejábamos atrás una fecha que habíamos esperado, con mayor ilusión en sus últimos días, pero que habíamos preparado con muchísimo amor. Llenábamos un autobús con personas que se habían entregado como nosotros. Íbamos bailados, llorados, agotados, emocionados. Iban bebidos y comidos. Volvíamos a casa.

El plan era dormir en un hotel cercano a casa, pero en el asiento del autobús descubrimos que la reserva había sido cancelada. No habíamos hecho el check-in. No se nos ocurrió pasar por allí antes de empezar el día.

Dormimos en casa. Juntos. Felices.

Nos casamos vestidos de novios. En casa hablábamos de nuestra boda. E internet hizo de las suyas. 

La cronología. Ese martes nace la idea: doble celebración. Esa madrugada Eu se dedica a buscar vestidos. Para un cuerpo que hacía seis meses vivió una cesárea de urgencia y que estaba físicamente y emocionalmente poco recuperado.

Ese jueves: Madrid,reunión territorial de Kids&Us. Buscamos en google maps tiendas de novias. Nadie podía ayudarnos. Era impensable confeccionar o arreglar un traje en nueve días. Ese día de vuelta a Badajoz contemplamos la idea de anular este plan. Eu quería que si nos casábamos lo hiciéramos vestidos para la ocasión.

El viernes por la noche viendo una peli, me aparece en instagram publicidad de Pronovias de Badajoz . Venta de muestrario de la colección de SS2022. Clicamos en el enlace y queda una cita para ese sábado a las 16h. Teníamos evento con los alumnos del curso de Oliver. Por primera vez, falté al Universo. Nos fuimos María y yo a las cuatro a pronovias. Una semana antes del 25.

Llego. “Se ha equivocado en la reserva de cita de la web. Pones que te casas el 25-06-22 y entendemos que es en 2023”. Me rio y les cuento todo. Y se sienten de repente cómplices de todo esto. Lloramos y disfrutamos.

En ese muestrario, solo dos vestidos de mi talla. Uno era palabra de honor, que yo en ese momento no llevaría. Solo tengo una opción. Me pruebo mientras una dependienta mece a María, mi acompañante. Yo no elegí el vestido. Siempre digo que él me eligió a mí. Siete días antes. Si gustó o no, resuelvo que es EL vestido. No había otro.

Rosario la chica que me escuchó me pregunto que qué elegiría yo de un vestido de tener tiempo. Le hablé de mangas abullonadas. Me dijo que ese vestido se iba a su casa ese finde y que el lunes a primera hora me esperaba. Esa mañana Eugenio, María y yo madrugamos. Rosario había unido las mangas de otro vestido, había acoplado el encaje propio de este vestido y consiguió que yo me vistiera de novia, aunque fuera una boda poco convencional.

Una ayuda titánica. Gracias a ellas, me vestí de blanco. Una tarta de Anxorena aparecía en la tienda ese 25 de junio. Decía GRACIAS.
F i n . 

 

 ¿Has leído este capítulo? ¿Te gustaría que yo te leyera a ti? Por favor, rellena este formulario y acompáñame en este viaje llamado "Lifetime". Gracias leerme.

Lifetime 🌿: Rellenar formulario

Contacta con nosotros

Noticias

Capítulo 19. La vida es un ratito en el parque

Por todas las familias que viven un capítulo sin visitas al parque, porque pronto podáis volver a ser como érais antes. Y porque todos tengamos presentes que lo único que importa es el instante que tenemos delante y las personas que elegimos para caminar al lado. Y que la vida es alegrarse no solo los viernes. Y que cada día debemos encontrar en familia esa isla llamada parque. La vida es un ratito en el parque. Y así quiero vivirla. Y así elijo recordarla. Y así intento que ellos la fabriquen.

02/06/2026
Saber más

Capítulo 18. Versiones en mí. (1)

Y esta soy yo. Y como dice la canción de El Sueño de Morfeo “y esta soy yo, asustada y decidida. […]; no pienso renunciar, no quiero perder el tiempo.” Y para ser justa, un día, de esos en los que puedo con todo escribiré “Versiones en mí (2)”. Para así tener una combinación y una realidad fiel de este que es uno de mis sueños. Ser madre de cuatro.

31/05/2026
Saber más

Capítulo 17. Subid que os llevo. Y ojalá tardéis mucho en querer bajaros.

Que en el mundo sigamos encontrando los mejores refugios para ser y estar.

19/05/2026
Saber más