Capítulo 18. Versiones en mí. (1)

31 de mayo de 2026

Últimamente he visto vídeos que me han resultado muy emotivos. De personas que se graban fingiendo poder tener un encuentro fortuito entre su pasado y su futuro. Y tengo que reconocer que algunos de esos clips me han conmovido mucho. Un salto de diez años en una vida.

 

Me planteé grabarlo. Después pensé que era demasiado en menos de un minuto de conversación. Y pensé en cómo mi vida había evolucionado ni siquiera en una década, sino en los últimos cinco años. Un lustro era suficiente para conocer distintas versiones de mí.  En mí.

 

No solo fue el viaje emocional del primer embarazo. Con tantísimos miedos. Ha sido más el cambio gigante físico y la evolución emocional de mí misma. Como he ido perdiéndome, reconociéndome, encontrándome, volviéndome. Muy rápido y, a la par, tan despacio. Como durante los meses con un bebé dentro dejas de verte a ti. Como de difícil resulta mirarte al espejo y saber que eres tú. Vestirte. Estar igual de alegre. Seguir con el día a día.

 

Estar embarazada es un sueño, para mí. De esto ya he escrito otras veces. Muy en concreto en el Capítulo 10. “Las luces y las sombras de tener un bebé en la barriguita”. Pero eso no quita que haya días de todos los colores. Días en los que te encanta tener una barrigota enorme. Y días en los que deseas no tenerla más y que todo ya esté bien fuera. Porque cuesta, porque duele. Porque no eres como quieres, eres como puedes. Al menos yo. En el embarazo, muchos días, sobrevivo y hago un esfuerzo muy consciente para no estar triste para ver la fugacidad y la caducidad de todo esto. Pero que esto tenga un fin no significa que sea un camino fácil de transitar y de que haya que vivirlo siempre con una energía y una alegría despampanantes. Sino, todo lo contrario.

 

Hay que vivirlo de forma real. Reconociendo lo que duele, llorando lo que no te gusta, teniendo cerca a personas que escuchen tus dramas. Que sí, que son primer mundistas (esto me lo invento para hablar de las cosas del primer mundo), pero que duelen muy profundo. Que te hacen actuar de forma distinta. Que te hacen vivir un presente diferente al que tendrías de no pesar tantos kilos de más y tantas dolencias.

 

Porque la realidad no siempre es fiel a los sueños. Cambia el guion. Mueve escenarios, y otros muchos elementos importantes que determinan la historia. Deseas tener cuatro hijos, aunque eso no implica que haya que resistir y soportar a todo lo que conlleva. Porque no cuentas con todos los kilos que te van a sobrar, el dolor de piernas que te va a acompañar. No cuentas con pincharte heparina a diario (que sigo manteniendo que duele, y mucho). No imaginas un asma gestacional ni un bajo depósito de hierro. Ni el calor incesante que condena tus días.  

 

Claro que soy consecuente, muchísimo. Claro que sé lo que es un embarazo. Lo que no sabía es que me iba a doler tanto no ser eficiente, no poder ejercer ciertas rutinas. Y que de hacerlo iba a estar tan sobrepasada y agotada. Me sentí plenamente sostenida en esa última ecografía. Cuando la ginecóloga, cuyo nombre desconozco, me miró a los ojos y me dijo: “dime la verdad, qué te pasa”. La miré, tragué saliva y le dije: “en una palabra, que estoy agotada. Que no puedo más”. 

 

Y es que hay días que una se levanta todoterreno y otros en los que piensa que quedan demasiadas horas para sostenerse de pie y sonriente. Y si me pesa es por mis hijos. No quiero que vivan estos últimos meses con una madre cansada, poco alegre. No quiero. Porque aunque puedo explicarles que esto va a terminar, este tiempo no nos lo va a devolver nadie. Y ellos necesitan una madre en el suelo, una madre de pijama, una madre que baile con ellos, que tengan la suficiente fuerza para acabar cada uno de sus días. Y prometo que hay días que no la encuentro. No está dentro de mí. 

 

Y es que todo va pesando. Las noches sin dormir. (Esto ya me parece de película de terror). El año tan sumamente desafiante de K&U. Mi sobrepeso. Mis hormonas que solo parecen actuar bajo la tristeza. Y así, se ha hecho un buen cóctel en mi pensamiento y en mi forma de operar. Lloro porque no sé cómo van a ser los próximos meses. Porque no quiero estar más cansada. Porque tengo miedo a la organización futura, tengo angustia de revivir capítulos dolorosos donde estábamos todos tan desubicados.

 

Así que sí, hay días difíciles. Hay y habido muchas versiones en mí desde mi primera gestación. Me he sentido físicamente de todas las formas posibles. Y las he ido sorteando lo mejor que he sabido y podido. La versión valiente, la versión decidida. La que sabe que esto tiene una fecha. La que sabe que todo volverá a ser. Que volveré a ser. La que conoce esta etapa, la que reconoce lo que está sucediendo dentro de mí. Y paralelamente las versiones que me apagan, que se convierten en mis enemigos. Como mi mente. Los fantasmas que sacuden. Las comparaciones odiosas. Las realidades que nos gustarían. El futuro que se acerca tan silenciosamente…

 

Ayer vi esta foto. De repente. No es una de mis favoritas, ni la tengo impresa. Ni en favoritos. Ni la había compartido nunca. Es una foto más de uno de nuestros viajes. Estaba a punto de vivir un aborto, aunque no lo sabía. Éramos cuatro y estábamos inmensamente organizados, con una logística super calculada y que nos funcionaba perfectamente. Pesaba treinta kilos menos que ahora. No me dolían las piernas cada hora del día, y de la noche. Corría detrás de ellos. Me agachaba sin problema. Hacía deporte a diario. Era muy feliz ahí. Sentía que llegaba a todo. Todo lo que tenía entre manos salía. Y aunque había noches de trabajo extremo, la mayoría salía de día. Y en tiempo. Y en la forma esperada.

 

Sé que es una locura para la mayoría de las personas que nos rodean. Sé que todos piensan que es demasiado lo que hemos querido abarcar. Pero no por ello dejo de tener derecho de compartir lo que de verdad siento. Y la realidad es que ahora mismo físicamente no me gusto nada. Vestirme es una odisea enorme cada mañana. Las piernas por la noche gritan de dolor, de pinchazos incontrolables.

 

Y yo, yo sé que mi bebé va a estar bien. Que en unos meses extrañaré todo esto. Pero es que no todos los días tenemos el sentido del agradecimiento y de la fortuna en su máximo esplendor. Y es muy humano saber en qué punto del viaje estamos. Si estamos subiendo o bajando en la montaña rusa. Y quién está montado en el vagón de al lado. Y como de fuerte te aprieta la mano. Como te da oxígeno, cuando te falta. Como saca tiempo para cuidarte, aunque también necesite de cuidados. 

 

En mi versión más objetiva, realista, maternal. Valoro infinito poder crear vida. Y anoche, que me acosté llorando. De agotamiento. De sentimiento de pérdida y de identidad. Me miraba la barriga en el espejo y alucinaba. Porque volví a su dormitorio. Los vi durmiendo a los tres al unísono (algo también bastante insólito en esta casa) y me repetía que todos ellos habían sido creados aquí dentro. Que debo valorar esta transformación. Porque ha sido la responsable de darles vida. Y de verdad que me cuesta creerlo. Es inverosímil. Que, en cinco años, cuatro vidas hayan sido producidas en un cuerpo al que yo detesto, a veces.

 

Esto no es un relato que espera halagos, ni palabras bonitas. Es un pesar. Es una esperanza para quien, en algún momento, no se vea cuando se mire. Porque yo miro a mi marido y veo que su imagen es la misma. Que él puede seguir un ritmo que yo no. Que tenemos momentos diferentes marcados por la evolución. Y sé que el privilegio lo tengo yo por tener un corazón latiendo dentro de mí. Por poder sentir cada noche esa vida que crece. 

 

Pero ambos sentimientos, ambas versiones conviven. Y quizás eso sea lo más loco. El balance imposible. Entre lo que me genera tanta felicidad y entre lo que me genera tanta inseguridad. Sintiéndome fuera. Como si mi vida tuviera un pause. Como si mental y físicamente yo no pudiera responder a todo lo que debo. 

 

Y esa falta y esa responsabilidad me generan una angustia vital. Sintiéndome tan sumamente insuficiente.

 

No sé cómo me sentiré leyendo esto en otro momento. En esos días en los que me levanto y solo quiero disfrutar de cada instante de este último embarazo de mi vida. En los que miro fotos y me digo “ya queda menos”. En los que no temo al posparto porque me estoy preparando para él. Ojalá y me ría. Pero hoy solo lloro. Y me apetece contar esa versión tan mía, tan, tan. Porque si hay algo que marca la mayoría de las etapas de mi historia es esa inseguridad fruto de mi propia vida. “Una vida humana nunca es vivida por una única vida, somos el resultado de todas las vidas que están cerca de la nuestra”.

 

Y esto lo escribo así. Con el corazón abierto. Sin lectura posterior. Para no cambiar ni una coma. Para no vetar al alma de lo que siente. Sin correcciones. Sin prohibiciones. Porque es lícito, justo y muy humano (muy de madre) sentir todo. 

 

Y esta soy yo. Y como dice la canción de El Sueño de Morfeo “y esta soy yo, asustada y decidida. […]; no pienso renunciar, no quiero perder el tiempo.” Y para ser justa, un día, de esos en los que puedo con todo escribiré “Versiones en mí (2)”. Para así tener una combinación y una realidad fiel de este que es uno de mis sueños. Ser madre de cuatro. Aunque me eche de menos, muuuucho. Pero me prometo que volveré. Y volveré a todos estos capítulos tan emocionales, escritos por mis hormonas. A las que dejo paso y autoría. Tienen un poder inmenso en este momento de mi vida, perdonadlas. Perdonadme. 

Yo también me perdono, por quererme tan poco y, a veces, tan mal.

Contacta con nosotros

Noticias

Capítulo 19. La vida es un ratito en el parque

Por todas las familias que viven un capítulo sin visitas al parque, porque pronto podáis volver a ser como érais antes. Y porque todos tengamos presentes que lo único que importa es el instante que tenemos delante y las personas que elegimos para caminar al lado. Y que la vida es alegrarse no solo los viernes. Y que cada día debemos encontrar en familia esa isla llamada parque. La vida es un ratito en el parque. Y así quiero vivirla. Y así elijo recordarla. Y así intento que ellos la fabriquen.

02/06/2026
Saber más

Capítulo 17. Subid que os llevo. Y ojalá tardéis mucho en querer bajaros.

Que en el mundo sigamos encontrando los mejores refugios para ser y estar.

19/05/2026
Saber más

Capítulo 16. Tenemos suerte de ser Kids&Us Badajoz.

Tenemos suerte de ser Kids&Us Badajoz. Y tenemos que creérnoslo.

05/05/2026
Saber más