Capítulo 16. Tenemos suerte de ser Kids&Us Badajoz.

5 de mayo de 2026

 

 

Para llegar al final, a mayo de 2026, me parece que lo más justo es contaros todo desde el principio. Y confiaros cómo Kids&Us, el método, me cambió la vida y mi manera de creer en el aprendizaje de inglés para los niños.

 

En 2010 con diecisiete añitos tuve que tomar una decisión que, a mí, que soy tan sensible y que a todo le veo tanta trascendencia, me pareció gigante. Me supuso una angustia vital y durante todo el curso de segundo bachillerato sufrí muchísimo. Sabía lo que yo no quería ser, pero jugaba con las listas de carreras universitarias y tachaba todo aquello que me parecía que no era lo mío. Pero en cada una de esas jugadas no conseguía bajar de trece opciones. Con esto quiero decir que, no siempre, tenemos una vocación marcada y que no tenemos que tener todo tan claro en ninguna etapa de nuestra vida. Y que las cosas pueden ir bien aunque no siempre sepamos cuál es nuestro camino, o al menos no lo tengamos tan claro.

 

Visto con perspectiva, muchas de las carreras que siguieron siempre a flote tenían relación con la enseñanza. Y revivido con cariño, mi familia siempre me cuenta como, cuando era pequeña, jugaba con mi pizarra a ser maestra. Porque otra cosa no, pero eso de tener una pizarra y de tener alumnos ha sido siempre mi felicidad.

 

Ese verano tenía delante de mí varias puertas abiertas. Podía hacer psicología, filología inglesa o traducción. Y es que yo me veía en todas esas opciones y en cualquier ciudad. No tenía miedo de ello. De hecho, tenía mucha sed de futuro. Me imaginaba la época universitaria de una forma tan bonita. Con ganas de aprender, de ir a clase, con mi mochila de cuero marrón… (siempre os hablo de mi fácil capacidad para verme desde fuera y de vivirme como si de una peli se tratara. Y así, como en muchas pelis, me veía: recorriendo la ciudad de camino a la facultad, en las aulas inmensas…)

 

Ya sabéis que opté por filología inglesa y en Sevilla. Hice la carrera y salvo algunas asignaturas, yo no lo viví con pasión. La literatura inglesa fue una constante pesadilla para mí. Me gustaba leer. Me gusta leer. Pero quiero elegir lo que yo necesito leer. Lo que me hace sentir, viajar, reflexionar. No me gusta que me impongan. Y se me hace un mundo leer algo con lo que no conecto nada. Absolutamente nada.

 

¿Sabéis cuándo cogí el gusto por la literatura norteamericana? Cuando viví en Varsovia. Cuando en aquella universidad pública de Varsovia las clases eran de máximo quince alumnos y teníamos unos profesores tan cercanos… tanto, tanto que no teníamos la sensación de ser universitarios. Porque nos escuchaban, porque les importaba nuestra opinión. Porque leíamos juntos. Recuerdo con tantísimo cariño ese curso. Me trasmitieron respeto, confianza en nosotros. Un grupo de jóvenes de diferentes nacionalidades, todos allí bien mezclados. ¿Y sabéis por qué podíamos conformar una clase y aprender a la vez? Porque teníamos algo en común: que todos hablábamos y entendíamos el inglés. Y esta no fue la primera vez que fui consciente de ello.

 

A mí siempre en los viajes me encantaba detenerme a leer los carteles en inglés, era fan de ponerme las películas en inglés con los subtítulos en inglés. Y soñaba con estar en Londres. Y lo conseguí varias veces. Y de hecho os contaré que gracias a un viaje a Londres conocí a Eugenio. (Y el resto ya es historia pública ).

 

Mi época de secundaria no fue la más feliz de mi vida. Por las pérdidas, por mi manera insegura de enfrentarme a todo. Por mi poco asertividad; por sentirme diferente y a veces vivir por los demás y no por mí misma. Pero creo que fue una época necesaria y requerida para llegar a la evolución posterior. Tengo buenos recuerdos de entonces, pero es la única parte de mi vida que no querría volver a vivir. Me parece un cóctel doloroso, dañino, complicado. Seis horas de clases, y daba igual como te sintieras ese día. (que casi nunca sabes cómo te sientes con esa edad, porque las hormonas y tu mente te colocan en tantos escenarios distintos…). Un alto grado de exigencia académica para quienes están el momento más bajo de su inteligencia emocional. 

 

Lo mejor de entonces fueron los viajes a Inglaterra. Y a Irlanda. Veranos con semanas de clases, acompañada siempre de buenas amigas. Recuerdo Thanet con tantísimo cariño… lo viví con tantísima emoción. Esa primera vez pasando veintiún días en inglés. Aún me emociono recordándolo. Como nos gustaba salir a la calle a escuchar inglés. Como me encantaba buscar cualquier excusa para poner en práctica todo lo que sabía. Aunque también me sirvió para darme cuenta que todos esos sobresalientes en inglés no eran un pasaporte actualizado. No un buen kit para llevar conmigo. O al menos, no era suficiente.

 

Recuerdo llegar el primer día. Y tener la necesidad de coger un autobús hacia donde nos esperaba nuestra familia anfitriona. Ese instante lo tengo grabado como agobiante. Tuvimos que estar un buen rato, mientras esperábamos, y durante el ratito de subirnos, pensando en qué íbamos a decir, cómo lo íbamos a decir. Y debatíamos con el verbo modal que iniciaría la pregunta. Era tan antinatural, que todavía tengo en mente lo difícil que me resultaba comunicarme. Y yo creía que sabía muchíiiiiiisimo…Y seguramente fuera cierto. Sabía mucha gramática. Me sabía todo como un pipirigallo. Sin embargo, no tenía una producción oral propia de todo ese saber. Y comprender a Tora y Ken, nuestros padres ingleses, era un verdadero reto.

 

Porque no era el contexto de una clase impartida en castellano con nociones en inglés. No, no lo era. No eran textos y actividades sobre ellos. Era la vida real delante de mí. Estaba en un país anglohablante con situaciones diarias que necesitaban de mí una comprensión y una producción que yo estaba lejos de alcanzar. Esa primera vez en el extranjero conforma un recuerdo dulce en mi historia, pero también un golpe de realidad que siempre he narrado.

 

Así que sí, yo seguía sacando nueve y diez en clase de inglés, pero yo no hablaba inglés. También iba a la escuela de idiomas desde segundo de la ESO. En clases formadas por adultos y un puñado pequeño de gente como yo, de catorce, quince, o dieciséis años. Con actividades de “speeaking” de temas que nosotros no teníamos ni ideal, ¡ni en español! Aquí fue la primera vez que yo supe que lo que se aprende tenía que estar conectado con nosotros. Teníamos un examen oral de elegir un trabajo o de elegir un lugar para una fiesta de cincuenta cumpleaños. Y en un clima que no es el de un adolescente.

 

Leíamos libros de lectura cortitos en clase en el instituto y los leíamos a trocitos en inglés y a trocitos en castellano. Entonces tenía todas las palabras escritas en mi L1 arriba de la del inglés, y me leía los capítulos traducidos para entenderlo. Porque yo no tenía comprensión. Mis habilidades de recepción tampoco estaban desarrolladas. 

 

Y aquellos “activity book” y “workbook” que nos acompañaban desde primero de la eso hasta bachillerato. Mismo currículum cada año. Primer tema: “to be” y “present continuous”. Después, tocaba el “past simple”. Y así cada unidad, siempre las mismas, en el mismo orden. Para dejar los verbos modales para nunca. Porque no llegábamos a la última unidad. Y eso sí me parecía antinatura. Que cada septiembre tuviéramos que aprender el verbo “to be”. Vamos, aprenderlo no, estudiárnoslo de memoria sin saber por qué “she” iba con “is” y porque “I” con “am”.

 

Creo que ese es el mayor error de todos. Hacernos creer que saber un idioma es aprobar una asignatura. ¿Y sabéis lo que más me preocupa? Que hoy, en 2026, cuando acompaño a mis niños de Kids&Us en sus “dosis de inglés”, con sus materiales del cole, alucino de que sus libros podrían perfectamente tener mi nombre. Porque tienen la misma fórmula. Textos de temas que pasan inadvertidos para ellos. Con palabras en negritas, cajitas de gramática y cientos de actividades de “fill in the gaps”, Para que no piensen. Para que no sientan. Para que los niños tengan la falsa creencia de que el inglés es para robots. Porque si rellenan bien diez actividades sin saber ni lo que están poniendo tiene doble felicitación: en casa y en la escuela. ¡Menudo engaño en serio! ¿cuál es el orgullo que sentimos? ¿de qué estamos orgullosos realmente? 

 

Nuestros hijos no son notas numéricas. Y no siempre el que más nota consigue es el que más sabe. Ni el que mejor herramientas para enfrentarse a su vida lleva consigo. Estamos tan equivocados… Tanto que a mí me preocupa demasiado. 

 

A mí lo que me inquieta es que los años pasen y que el currículum nacional obligatorio enseñe inglés de una manera tan pobre. Y que las personas con vocación de ser maestros y profesores de inglés tengan que vivir una experiencia profesional acompañada de materiales obsoletos, impuestos por personas que no saben inglés y que no saben cómo se aprende. Porque yo quiero creer que hay gente ahí fuera que cree en lo que hace y que sufre por la manera en la que tiene que impartirlo.

 

Lucía Galán (conocida como Lucía mi Pediatra) siempre nos dice que por ser ella de la privada es juzgada. Por no dedicarse a la sanidad pública. Cuando ella siempre confía el por qué dejó de formar parte de esa sanidad que no casaba con sus ideales, con su conciliación (y un largo etcétera). Y yo me siento identificada porque en mis practicas curriculares, que han sido varias, en centros educativos de secundaria, y en algunas bajas que tuve la suerte de cubrir en centros concertados tuve la oportunidad de ver con claridad lo que no quería.

 

Y lo llamo suerte en presente, y lo llamé suerte en pasado. Porque vi delante de mí la vida y a la profesora que yo no quería vivir. A mí no me hacía feliz dar clase sin que mis treinta alumnos entendieran lo que aprendían. No me hacía feliz no saber quiénes eran sus padres. No puedo entender a un alumno sino conozco su contexto. No puedo ayudarlo si no tengo la certeza de las herramientas que tiene a su disposición cuando sale del cole.

 

Fui tutora de tercero de la ESO en un colegio bastante conocido en Sevilla, también tiene sede en Badajoz. Y lo único que me hizo feliz fue que me dijeran que era la tutora con más tutorías que había pasado por allí. ¿Cómo yo podía yo exigirle a un niño un aprobado en inglés si estaba enfrentándose a una enfermedad horrible de su padre? Pero eso, ¿quién te lo cuenta? ¿cómo lo sabes? Si tú lo que ves es a un niño del que te han dicho cosas muy feas. Al que le llaman rebelde y se pasa media mañana en el sofá de delante de jefatura de estudios. ¿Así? ¿así cuidamos a los adultos del mañana?

 

Porque nosotros un día fuimos ellos. Y también tuvimos carencias. Y también sentíamos una gran demanda por parte de nuestros docentes y en nuestras casas. ¿Y eso es lo que queremos para ellos? ¿Que sigan aprendiendo sin sentido, con obligación y sin ningún tipo de amor a lo que hacen? Porque seis años, a razón de seis horas diarias lectivas, por cinco días de la semana… ¡es tiempo! Que sí, que la vida es larga, pero es solo una. Y no hay derecho a que dediquemos una etapa tan difícil a un aprendizaje que no está al servicio del alumno.

 

Así que, no, no me siento mal por no haber querido opositar. Por no ser de la enseñanza pública. Estoy feliz de la vida siendo de la educación no formal. Porque tenemos la libertad, el gusto, la responsabilidad y el compromiso en nuestras manos. Y nos podemos permitir decidir. Cómo, qué, cuándo lo enseñamos.

 

Mis primeras experiencias como profesora de inglés en extraescolares y en Trinity me hicieron muy muy feliz. Eran niños pequeños, motivados, inocentes. Con ganas. Venían por las tardes contentos a sus clases de inglés. Y yo, la verdad, es que me preparaba unas clases tan divertidas. Con ayuda del ingenio y de la creatividad de Eugenio y de la mano y la experiencia de mi madre, creamos “lesson plans” a la altura de las necesidades que yo tenía delante. Eran clases reales. Y reales con el matiz de que podían impartirse tal y como estaban previstas. Conectaban con mis niños y ellos aprendían. Hablaban inglés, usaban estructuras, y cada tarde cuando abría la puerta veía mucha felicidad. En los padres y en los niños. Era mi mayor recompensa. Porque como ya os imagináis económicamente no era algo sostenible. Pero fue mi mayor inversión.

Me creé mi primer correo, hacía tutorías con las familias y tenía mucha relación con ellos. (¡Con algunos aún la mantengo!) Y aunque todavía no me llamaban “MJo”, creo que una parte de ella ya había nacido…

 

No encajar en lo que te dicen que debes ser no debe darte miedo. Sino valentía de querer hacer las cosas diferentes. De querer que las cosas cambien. Y a mí empezar de “Teacher” en Kids&Us Sevilla me cambió literalmente la vida. Porque ese rol llegó en mi peor momento. Cuando mi madre se enfrentaba a su cáncer y cuando yo estaba esperando un diagnóstico también. Me sanó. Me salvó la vida. Y fue gracias a Pilar Quesada, mi jefa, mi amiga. Que confió en mí cuando yo no creía nada. Que me dio dos oportunidades para entrar. Porque en el primer proceso de selección yo estaba completamente perdida. Y lo abandoné. No era mi momento. Y ella me rescató de la oscuridad y me plantó ahí. A dar clases de Marcia, de Ben&Brenda. También Oliver y Linda.

 

¡Y cómo recuerdo aquella primera vez que vi a Mousy y a Linda en la oficina! La primera vez que veía alucinada las cajas de los materiales. Las horas que dedicábamos María, Mía, Ally y yo a las “teacher guides”. Tuve suerte, éramos un grupo de maestras emocionadísimas con lo que hacíamos. Nos pasábamos horas juntas preparando las clases y lo hacíamos con un respeto tan enorme. Y nos esforzábamos tanto en implementar el método tal y como se nos dictaba. 

 

Y me enamoré. Me enamoré de las familias que estaban conmigo en Mousy y en Linda. Me enamoré cada tarde de las aulas, de las actividades, de las historias protagonizadas por los personajes. Y me enamoraba por los ojos de mis alumnos. Por su ilusión máxima esperando a que Oliver encontrara su diente. Por sus ojos enormes abiertos a ver si había un “alien” con Marcia. Me enamoré de las mamás que aplaudían cuando sus hijos decían “yes, please” o “shaker, please”. Y salía de Kids&Us feliz. Llena de amor. Satisfecha. Porque entendí que lo que hacía de verdad podía ser bueno. Y ya no era yo siendo mi mejor versión, era también alcanzar las mejores versiones de ellos. Que empezaban sus vidas, sus primeros pasos en su historia. 

 

Eran ellos sintiéndose seguros, capaces, divertidos, atrevidos, intrépidos. Todo lo que yo jamás me identifiqué. Eran niños hablando en inglés con estructuras, mientras sabían lo que estaban diciendo. Jugando a juegos de mesa mientras se divertían ¡y lo hacían en inglés! Y ese año cambió todo. Y dimos la vuelta al peor capítulo hasta entonces de la mejor manera posible. Y como no podía ser de otra forma de eso se encargó Eugenio.

 

Eugenio, ingeniero industrial, con un trabajo en Elecnor. Que vivió la fiesta de Halloween y tuvo la visión de que lo iba a pasar. Así que sí, él movió nuestro mundo y nos conduzco hasta lo que es hoy. Lo hicimos juntos, pero su valentía, su garra y su capacidad de trabajo digna de estudio, fueron los pilares sobre los que se sostuvo el proyecto de ser nosotros los que tuviéramos un Kids&Us. Lo que es hoy vuestro Kids&Us Badajoz.

 

Porque hace no mucho, a Eugenio y a mí, nos pidieron participar en una reunión territorial. Contar nuestra praxis y hacer, un poco de todos, nuestra manera innata de vivir Kids&Us. Y recupero esa despedida de Ana Rojos, CEO de Kids&US, que cuando acabó una de sus intervenciones, pronunció unas palabras que me llegaron al alma y que me hacen temblar de responsabilidad y sonreír de orgullo, “Los niños y las niñas de Badajoz tendrán un mejor futuro porque vosotros, Eugenio y MJo, decidisteis abrir un Kids&Us allí. Qué suerte tienen”. Esto os lo cuento en el Capítulo 3 de mi “Lifetime”. 

 

Así que hoy por la mañana, después de habernos pasado noches sin dormir preparando la rematrícula. Porque otra cosa no, pero fácil no ha sido la trayectoria de nuestro Kids. (Esto prometo contarlo todo porque creo que puede ser de interés general). Noches preparando grupos, organizando profesores, cuadrando horarios y aulas ¡y hermanitos! Con una ilusión que merece la pena destacar. Porque son ya un puñado de años haciéndolo. Y si algo me hace estar orgullosa es saber con el grado de responsabilidad tan alto con el que seguimos trabajando. Porque sí, es pasión, es entrega, es energía desmedida, pero es nuestro proyecto de vida. Nuestro trabajo. Nuestro día a día.

 

Y a mí me duele que nunca sepamos trasmitiros todo esto. El origen de todo. El camino recorrido. Las piedras y los obstáculos que han marcado épocas.

 

Ser Kids&Us Badajoz es una inversión alta. De tiempo y de dinero. Pero también es una apuesta segura. Es saber que tus hijos aprenden, y en sus años más importantes. Que tiene sentido lo que hacen. Que llenan el tiempo que pasan en la escuela con actividades que tienen muchísimo sentido. Porque quien los espera sabe lo que tiene que hacer. No improvisa. Y el futuro de tus hijos no está en manos de alguien que no ama lo que hace. Está con alguien que cree en el método, que se prepara las clases. Que tiene condiciones laborales dignas (porque también merece la pena contar que es imprescindible que vuestros hijos e hijas estén con personas con contratos, dados de alta en las horas que de verdad trabajan. Es inaudito que en 2026 haya escuelas de inglés y academias que tienen a profesionales cualificados sin contrato y cuidando a niños, bajo su responsabilidad. Y este es otro tema que me indigna y que me da rabia. Porque los costes una escuela también cambian cuando las cosas se hacen bien y de forma legal.) Yo jamás dejaría a mis hijos en ciertos terrenos, pero mucho menos con un adulto que no está contratado y que tiene la libertad de no responsabilizarse de cualquier imprevisto o accidente que pueda suceder.

 

Así que sí, Kids&Us Badajoz no es la escuela más barata de la ciudad. Pero es que no queremos serlo. Porque sabemos lo que hacemos. En absolutamente todos los términos. Porque todo lo que se vive en Kids&Us tiene un coste. Y tiene un impacto. Y el impacto que nuestro método tiene en los niños y en las niñas os aseguro que es más elevado que el importe económico. Y en eso ni os he mentido ni os mentiría jamás.

 

Y porque Eugenio y yo, que sabéis como somos, jamás habríamos invertido nuestra vida en un proyecto pedagógico en el que no creemos. Hemos creado escuelas preciosas, donde aprender es un auténtico regalo. Con aulas de ensueño. ¿No os habría encantado aprender ahí? Porque yo sigo paseando por mis dos escuelas y sigo emocionándome. Y esa es la emoción y la magia que no solo no quiero perder, sino que me encantaría encontrar la mejor manera de trasmitiros. Ojalá pudierais sentir un trocito del amor que hay en Kids&Us. 

 

Y es que como padres y madres debemos saber qué necesitan ellos. Y a nivel emocional vamos a encontrar múltiples opciones y necesidades. Sin embargo, hay otras herramientas que estamos convencidos de que de forma unánime necesitan todos. Y una de ellas es el inglés. La libertad de ser ciudadanos del mundo. De conocer. De vivir. De estar. De elegir.

 

El otro día me intercambiaba audios, en inglés, con una amiga inglesa que ahora vive en México. Y cuando estaba terminando de responderle. Eugenio y yo lo hablábamos, “jolín qué suerte poder comunicarte así, qué suerte entenderlo así.”

 

Ojalá encontréis en Kids la oportunidad y la propuesta pedagógica para vuestros hijos. Que ellos aprendan y valoren que el inglés es necesario. Pero no porque les contemos un rollo abstracto o peor aún les digamos que lo tienen que aprender para salvarnos a nosotros. Oye, eso no. Ojalá ellos lo vivan porque se sienten convencidos de que saben, porque entienden lo que viven. Porque se emocionan. Y de esto puedo recomendaros largas listas de podcasts de profesionales en la materia que saben bien que aprender con emoción es lo que prevalente. Y otra cosa no, pero eso os lo prometo y os doy mi palabra de que sucede.

 

Y de que si seguís creciendo en familia aquí os vamos a proporcionar absolutamente todo lo que ellos necesiten para evolucionar de forma real. Y rescatamos mi definición de “real”. Y porque prometemos seguir luchando con el alma porque cada curso sea diferente, sea mejor, sea importante para ellos.

 

Ojalá un trocito de mi admiración hacia el método Kids&Us os la pueda contagiar en las reuniones de final de curso. Que inician el lunes once de mayo. Porque es en esos encuentros donde más disfruto. Viendo la comunidad que hemos creado. Las familias a las que he visto crecer. Pero, muy especialmente, las familias que nos habéis visto crecer a nosotros. 

 

Lo que más me inspira es ver al equipo tan enorme y capaz que conforma tanto nuestras escuelas, como el corazón de Kids&Us en sí. Como se desarrollan los cursos, como los materiales son de un atractivo…indiscutible. Por unas propuestas pedagógicas que fascinan. Y es que cualquier docente vocacional querría tener en sus manos una “Teacher Guide” porque es una maravilla. Porque hay circunstancias humanas que se escapan de nuestra mano, como la marcha de un “teacher”, pero todo lo que está en nosotros, os garantizo que lo tenéis y lo tendréis. Porque no hay un amor más grande que el de personas que creen en lo que hacen.

 

¿Y sabéis qué? Que la primera vez que vinimos a Manresa, en dos mil diecisiete, nadie apostaba porque un Kids&Us en Badajoz pudiera funcionar. Y es que nadie creía en nuestra región. No había fé en el futuro de nuestro Kids allí. Y aún me sorprende. Pero hablaban de nociones culturales, de falta de conocimiento en cuanto a futuro de hijos. Y un sinfín de conceptos en los que Eugenio y yo decidimos no creer. Porque estábamos convencidos de que los extremeños también hacíamos esfuerzos económicos por nuestros hijos. Y porque creíamos firmemente que lo que único que necesita Extremadura son oportunidades y tener a su alcance lo que los demás terrenos de España tienen. Así que sí, Kids&Us Badajoz llegó quizás tarde, pero yo creo que justo a tiempo de que creyéramos en algo tan grande. Llegó más de una década después que a Madrid o a Cataluña, pero llegó firme, seguro, decidido, con muchísima capacidad de esfuerzo. Y ahora en dos mil veintiséis somos una de las escuelas más consolidadas. Con una red de familias que llenan nuestros eventos, con las que hemos cocreado un universo Kids&Us. ( y esto si me lo permitís os lo vamos a contar muy pronto…porque lo que nosotros vivimos en calendario, las actividades “Beyond the Klass”, “Letter to Santa” que trascurren en Badajoz, donde han nacido y han sido inventadas y creadas, darán el salto para que otras familias Kids&Us de nuestro país y de otros países puedan vivirlo también.) Nuestro universo, ese que hemos inventado en noches y hemos decorado en madrugadas ha ganado respeto, impulso y admiración y estamos trabajando, hoy en Manresa, para que por fín pueda salir a la luz un proyecto increíble capitaneado por mí y por Eugenio…

 

Y acabo este capítulo tan extenso recopilando algunos de los trocitos que acompañan el correo de vuestro proceso de rematricula para el curso 2026/2027: 

 

“Por lo significativo, por el sentido, por la magia. Por la fórmula de enseñar desde el respeto, desde lo que de verdad importa. De todo esto y mucho más os hablaré en las reuniones de final de curso que iniciarán el lunes once de mayo.

 

El inglés es una herramienta imprescindible en el futuro de los niños y de las niñas. Y aprender jugando, sintiendo y haciendo uso del lenguaje que llevan años adquiriendo de forma natural es la clave del éxito.  

Como padres y madres debemos conocer el significado del “lifelong learner”, niños y niñas que aprenderán inglés siempre, de por vida. Porque el idioma forma parte de nosotros y cada curso tiene un único propósito: acompañarlos. Con eficacia y eficiencia. Enseñándoles su mundo cognitivo en su segunda lengua.  

Y de ese compromiso innato a Kids&Us, nace la evolución y la revolución de un método que se adapta al presente. Que se adapta a las nuevas versiones de nosotros, como familia, y de nuestros hijos, como niños. A través de rutinas claras, materiales atractivos que fomentan la seguridad y la fluidez. Aprender haciendo. Hablamos de experiencias reales y significativas que les ayudan a tener más autonomía y confianza. Disfrutar mientras aprenden.

 

 

Gracias por leerme,

 

 

MJo,

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