Capítulo 12. Ellos también necesitan su tazón de cereales

28 de abril de 2026

Me recuerdo desde hace años regalando en momentos tristes cestas con chuches, tabletas de chocolate, cereales, ositos Haribo. Y recuerdo una ocasión especialmente dura, triste, pero compartida en la que me inventé una caja Nestle con un trocito de papel que decía algo así como “No podemos evitar que a veces la vida tenga un sabor amargo, pero sí podemos dejar que quien nos acompaña nos lo haga un poco más dulce.” Me temblaba el pulso mientras lo escribía, porque también se me tambaleaba la vida y la de alguien que era y que es realmente importante para mí. De esas veces que los padres dicen “adiós” demasiado pronto. Demasiado involuntario. Y demasiado injusto. Y nos veía años antes una mañana de verano mientras yo perdía al mío. Y así poco a poco me habitué a regalar cosas dulces en tragos amargos. Porque hay infinitos. Porque ocurren más de lo que nos gustaría. Y porque a veces lo que importa es que tengamos a alguien que nos quiera de veras cerca abriéndonos esa bolsa de chuches mientras lloramos y sacamos todo lo de dentro. O ese compañero con quien comer algo de chocolate después de una cena que ha llegado en “glovo” un ratito antes.

 

Una mamá de Kids&Us que me inspira infinito. Por su manera sana, honesta, real, de cero dramas, todo verdad. Hablábamos cada miércoles en las clases de Mousy y Linda por la mañana. Y hablábamos de los defectos y virtudes de las parejas que habíamos elegido. Nos confesábamos las compras prohibidas o poco recomendables que nos hacíamos en los supermercados. Pero lo bien que nos sentaban en las noches complicadas. Nos contábamos tanto en cada encuentro…nos llenábamos tanto. Es tan necesario encontrar a esas personas faro que te iluminan todo. Que te aclaran tus miedos, que ven en ti lo que tú no ves. Que te enseñan un espejo diferente al que tú tienes en casa. Yo lo encontré en ella. Y recuerdo cuando, en su segunda barriguita, su única preocupación era su hijo mayor. Porque eso es muy de madre. Irte al segundo parto sin temor a nada, más que a que tu hijo mayor se olvide de ti o le causes un trauma enorme en tu ausencia. Cuando tenemos segundos hijos, lo solemos tener todo previsto. Así que a Laura y a Rubén les preparamos Eugenio yo una cesta enorme con todas las bolsas y dulces que nosotros nos comeríamos cualquier noche después de mucho drama. Y les escribí entonces una carta que acompañaba la cesta y los globos de helio para Álvaro. No tengo esa carta, pero me la imagino poco acertada, porque yo entonces no era madre. Y no tenía ni idea de lo que significaba serlo, y menos de lo que sientes cuando tienes dos bebés. Cuando vuelves a casa. Cuando te reencuentras con tu primero. Sé que Laura la tiene, y sino la recuerda. Porque la conozco. Porque sé cómo se guarda ella la vida. Porque me sigue enseñando a quedarme lo mejor de cada momento. 

 

Y bueno, desde esos momentos que recuerdo muy marcados, he regalado además de bombones, mucho milka y doritos, también cestas de fruta. A personas en las que pienso a diario. En sus recuperaciones, en sus pérdidas. En sus decisiones. Y es algo que me encanta hacer. Cestas que llegan con mensajes de cariño. Que curan. Que llenan de fuerza, de vitaminas. Esas que a veces ya no nos quedan. 

 

Sin embargo, yo sigo teniendo muchos momentos de esos en los que brillan las estrellas, con las ventanas bien abiertas en los que lleno mi taza de Starbucks, que es la más grande que tengo 
[…] porque a veces todo lo que necesitamos es un buen compañero de vida con quien comer cereales, aunque ya hayamos cenado. Con la leche 🥛 bien fresquita. Hablando de todo o de nada. Y esa amiga con quien la bolsa de chocoflakes dura una sola tarde o un solo reencuentro. Porque os entendéis, porque acaba de convertirse en madre por segunda vez y duele y escuece y la ves con el camisón verde, pérdida y dolorida. Y pareciera que cada cucharada le cura y la evade. Y a mí ver a una amiga tan íntima en un momento tan vulnerable me llevó a una reflexión profunda. Porque yo había sido esa del camisón verde ya tres veces, pero nunca me había visto en una escena tan sensible. Una recién parida. Con un bebé al que acaba de conocer. Que llora, que no sabes. Que te necesita y tú no sabes lo que necesitas. Fue una catarsis. Y desde entonces me he abrazado incluso más. Yo que jugaba a llamarme “fuerte y valiente” desde mi cesárea. Para convencerme a mí misma. Y confieso que, verla a ella así, me llevó a pensamientos oscuros y muy humanos. Me acercó otra vez más a todas las madres que tengo cerca, porque olvidamos que todas hemos vivido el mismo camino. Y que es ineludible. […]

Hemos merendado y desayunado muchas tardes y muchas mañanas al aire libre y en parques. Desde que eran bebés. Tocaba pecho y nos sentábamos en banquitos a disfrutar de los preparativos. Tostadas, fruta. Galletas. Y esa evolución propia de sus gustos y decisiones. Porque a veces merece ceder. Y es que verlos con tus favoritos también te hace sonreír y te hace evadirte de lo poco sanos que son, y te olvida y te conecta con los valores importantes que les trasmites. Porque hoy la idea fue de María. Ella misma cogió cuencos y cucharas y optó por una merienda poco saludable y poco convencional (y poco cómoda). Pero yo recibo esa foto justo cuando acabo una reunión importante y trascendental de trabajo. Y lloro. Porque los veo felices, aunque yo no esté. Y porque yo también estoy feliz donde estoy. Pero verlos me devuelve a su infancia. Me recuerda el sacrificio infinito que hacemos a diario. Y lloro en la oficina que tanto me gusta y que tantas alegrías nos regala. Porque pienso en todo o en nada. Y me seco las lágrimas mientras me duele infinito todos los juicios hacia nosotros. Como si de repente Eugenio y MJo ya no estuvieran en K&U, como si de repente la gente se sintiera con la libertad de juzgar nuestras ausencias. Que son escasas y a veces también marcadas por proyectos innatos a Kids. […] Y siento pena de que no se vea más allá. De que nosotros también somos padres, renunciando a muchísimas tardes sin nuestros hijos para cuidar y estar presentes en la vida de otros hijos. Una entrega sincera, diaria y comprometida desde hace siete cursos. Y sí, Kids&Us Badajoz crece. Pero el único cambio real es que somos padres. Y no cambiaría jamás cada decisión que nos ha llevado a ser los padres de María, Gonzalo, Julia y de nuestro próximo bebé. Aunque eso implique acabar muchas jornadas con mi taza de leche fresquita y mis cereales favoritos siempre de retén en el armario de la cocina.

 

 

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