Capítulo 9. La mañana que lloré, los cambios del mes de enero
11 de marzo de 2026
Capítulo 9. La mañana que lloré, los cambios del mes de enero
“Hoy he llorado en el trabajo de lo cansada que estaba MJo”. Yo también querida Charo. “Yo hoy me he metido en una clase con Julia y necesitaba estar sola y llorar del agotamiento que tenía”. Y así en minutos (o segundos) en la puerta del cole nos hemos mirado a los ojos y nos hemos confesado. Y es que no dormir es duro. Yo hoy me puse encima de la mesa literalmente todas las tareas del día y tenía tantísimo sueño que las ordené por sencillez. El rendimiento es algo que valoro muchísimo en mí y me frustra muchísimo cuando estoy lenta y distraída. Y a veces necesitamos llorar y sacar todo eso que guardamos de noche. Era un día intenso. Lleno de reuniones, de “deadlines”. “María cariño hoy cuando te recoja del cole nos toca ir a trabajar juntas” “Claro mamá porque tú y yo somos las mayores de la casa”. Y entonces Gonzalo llora porque él no viene: “Gon tú no llores es que me tengo que ir a trabajar, tú eres pequeño”. Y cuando estamos en la oficina, entran varias mamis a consultar dudas: “Mamá, ¿qué quería esa mamá?” “Necesitaba ayuda cariño y yo estoy aquí para ayudarles en todo lo posible”, “mamá es que a ti siempre te encanta ayudar”. Soy partidaria de que nuestros hijos nos vean ejerciendo en directo. Para imaginarnos cuando no estamos. Para sabernos cuando faltamos. Y una semana de alto voltaje familiar. Los bibis se los han llevado los Reyes Magos y han dejado un regalo chulísimo. Aunque esto a Gon no le parece nada chulo. “Mamá, mi bibi por favor”. “Mi vida, no tengo bibi pero estoy llena de sonrisas, abrazos y besos”. Me mira con lágrimas en los ojos, me sonríe y se abalanza sobre mis brazos. Y puede que ese se haya convertido en mi isla favorita de recuerdo de esta semana. Y quizás soy más consciente del peso de esto “Siempre voy a ser la persona que más te quiera, mi amor, y papá también”. Y luego veo a esas dos personas que más los aman gritar o perder la paciencia. Y miro a Eu, “no podemos enseñarles que quienes más los aman se pueden permitir tratarles así” porque entonces cualquiera que los ame menos van a tener más permiso. “María, me haces sentir mal y me haces pensar”; “Yo también sufro, pero no lo hacemos mal, estamos aprendiendo.”
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Capítulo 10. Las luces y las sombras de tener un bebé en la barriguita.
En este capítulo, MJo reflexiona con honestidad sobre la maternidad y el embarazo, mostrando tanto su belleza como su complejidad. Desde la empatía hacia quienes luchan por ser madres hasta su propia experiencia —marcada por la facilidad, la pérdida, el miedo y la transformación emocional—, describe cada embarazo como una etapa única que la ha cambiado profundamente. Entre inseguridades, cansancio y una montaña rusa de emociones, reconoce el inmenso valor de crear vida y el amor incondicional que nace en ese proceso. Al final, entiende que, pese a todo, es uno de los momentos más intensos y significativos de su vida, un legado emocional que la define como mujer y madre.
Capítulo 11. Queridos papás Kids&Us Badajoz
En este capítulo, MJo se dirige a los padres de Kids&Us Badajoz para reivindicar su papel fundamental en la vida de sus hijos. Reflexiona sobre la importancia de respetar su forma única de ejercer la paternidad, sin comparaciones con la maternidad, y defiende la necesidad de celebrar el Día del Padre desde la diversidad de realidades familiares. A través de una mirada personal y honesta, pone en valor el compromiso, el amor y la responsabilidad de los padres, recordando que su presencia es insustituible en el desarrollo emocional y en los recuerdos más felices de los niños.
Capítulo 8. Nuestra vida: una partida de bolos
En este capítulo, MJo reflexiona sobre la dificultad de la vida cotidiana y la importancia de elegir cómo vivirla. A través de la metáfora de una partida de bolos —donde nunca se logra un “strike” perfecto— reconoce que la vida está llena de retos, desde la maternidad hasta el trabajo y las relaciones. Sin embargo, decide dejar atrás la queja y mirar con gratitud todo lo que ha construido: su familia, sus proyectos y los sueños que han tomado forma con los años. A veces, concluye, la clave no está en hacerlo todo perfecto, sino en aprender a jugar con menos bolos en la pista.

