Bienvenidos al blog de Natàlia Perarnau

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La adaptación al cambio

Nacer, crecer, madurar y ganar autonomía: estos son los momentos claves en la vida de cualquier ser, así como de cualquier proyecto, profesional o personal. El progreso natural y sano que debemos esperar.

Si de algo estoy segura es de que, en el contexto actual, después de haber vivido una pandemia mundial, en un año hemos acumulado aprendizajes que, en otras circunstancias, nos hubieran tomado cinco años como mínimo. En concreto, en Kids&Us digitalizamos nuestro método y lo hicimos a contrarreloj en un tiempo casi récord para garantizar el aprendizaje de nuestro alumnado en cualquier escenario.  

Al final del día, todo cuanto hacemos es por y para ellos: nuestros alumnos, nuestros niños, nuestros adultos del futuro. Sin duda, ellos se llevarán algún aprendizaje gracias a nosotros y no va a ser únicamente el inglés. Les hemos mostrado y demostrado que hemos resistido, que no nos hemos conformado con simplemente hacer clases online, sino que hemos ido un paso allá y hemos hecho evolucionar nuestro método. Aunque en ocasiones las cosas no son perfectas, lo que cuenta es el esfuerzo y el empeño, el no rendirse. No quisiera dejar de mencionar las lecciones que los niños nos han dado a nosotros, a sus familias y a los adultos, en general. Podemos aprender muchas cosas de ellos ante estas circunstancias adversas, pero yo me quedo con una: su gran capacidad de adaptación. Ha sido fascinante ver cómo se han adaptado a un entorno altamente restrictivo y restringido, además de hacerlo con alegría y en ocasiones con más disciplina que los adultos. Para muchos de los niños aprender en un entorno online ha sido una transición fluida en un momento muy abrupto.

Pienso en mis dos hijos, e incluso en los vuestros, y no puedo dejar de sentir qué gran ejemplo les hemos brindado: nos han visto sufrir, luchar y superar obstáculos, imprevistos que ellos, como cualquier ser humano, deberán afrontar en su momento.

Hoy en día seguimos fuera de nuestra zona de confort. Sin embargo, estoy segura de que, aunque la realidad puede que vuelva a sus cauces, todos y cada uno de nosotros vamos a ser personas distintas. Nos hemos dado de bruces con una gran verdad: el cambio es inevitable

A mí, personalmente, me gusta compararnos con el ecosistema de un bosque, como si cada uno fuéramos un árbol. Algunos más altos, otros más bajos. Algunos más expuestos al sol, otros menos. Pero, en esencia, todos nos hemos visto sometidos a un cambio al que irremediablemente nos hemos tenido que aclimatar. Es indiferente en qué parte del bosque nos encontremos; la realidad es que formamos parte de un gran ecosistema que nos arropa a todos y una vez más, como humanos, ante un reto sin precedentes, hemos sido capaces de aunar esfuerzos para alcanzar, poco a poco, el tan deseado equilibrio llamado normalidad.

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